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domingo, 24 de agosto de 2008

Un inmenso backstage hecho cine

En 2002, Miguel Kohan, director de Cafe de los maestros , documental en coproducción entre Argentina, Brasil, respaldada por Gustavo Santaolalla, Lita Stantic y el cineasta brasileño Walter Salles, que desde hoy presenta Alfa Films, era médico psicoanalista y llevaba a cuestas haber probado suerte con la fotografía, incluso haberlas presentado en alguna exposición. Cuando terminó la residencia en Brasil se le ocurrió anotarse en un curso de cine documental "y me fascinó", asegura, en diálogo con La Nacion. "Yo quiero hacer esto", pensó, y tomó la decisión de cambiar de profesión para siempre.

"Cuando volví ?recuerda? me seguí formando, y seguí estudiando, antes de ganar una beca para cursar en la Universidad de Los Angeles, donde daba clases Jorge Prelorán", recuerda. "Cuando presenté mi primer cortometraje, a través de un amigo conocí a Gustavo Santaolalla, que vio mi trabajo, le gustó, y después nos hicimos amigos", asegura.

A su vuelta a Buenos Aires, Kohan fue uno de los ganadores de un concurso de proyectos organizado por el Incaa, telefilms acerca de la crisis de 2001. El resultado fue Salinas Grandes, una trabajo en el que indagó en esa extensión de 12.000 hectáreas de sal, a cielo abierto y a 3600 metros de altura, en la provincia de Jujuy, con eje en las vivencias de una indígena omahuaca. Poco después, Santaolalla lo invitó a participar del proyecto multimedia Café de los maestros , cuya versión para cine, presentada fuera de concurso en el último Festival Internacional de Cine de Berlín, incluye la participación de Ernesto Baffa, Horacio Salgan, Mariano Mores, Leopoldo Federico, Atilio Stampone, Pepe Libertella, y cantantes como Virginia Luque y Alberto Podestá, entre otros.

"Ver a estos maestros grabar el disco fue una experiencia muy privilegiada? Hay proyectos que van al abordaje de un tema muy particular, pero en éste caso el tema se fue desarrollando con dieciocho artistas dentro de los estudios Ion durante un año, un lugar tan emblemático, tan histórico. Para ellos era como si se tratara de un «volver a casa»", explica. "Con la cámara me deje llevar con la cámara por un juego lúdico: la atmósfera era muy poderosa y contagiante, y eso es lo que espero se transmita en la película, para que llegue, que se pueda vivenciar todo lo que hemos vivido nosotros durante esa grabación. La música te da la posibilidad de abrir el juego a no ser tan dogmático, y eso es lo que fui haciendo tomándome mi tiempo, porque los protagonistas de mi documental tienen una forma muy curiosa de vivir la música que viene de una época donde el contacto con el público era muy fuerte, mucho más que ahora, un volumen artístico que es muy emocionante. El que sintetiza todo es Carlos García, quien evoca una función que el tango tuvo en el pasado, que es esta cosa de que la gente se sienta incluida e identificada más allá de su clase social, de dónde venían", concluye.

"Es mi primera vez en el cine argentino", dice Santaolalla, que emigró a los Estados Unidos en 1978 "?pero siempre estuve haciendo cosas que afectaron a la cultura de este lugar? Este tramo del proyecto Café de lo maestros es muy importante y sigue abierto. Hace cinco días presentamos por primera vez a Café de los maestros en vivo, desde que lo hicimos en el Colón, el miércoles de la semana pasada en un show en la Sala Pleyel de París, y ese es el comienzo de todo un nuevo camino, y la idea es poder llevarlo a otros lados, hacer más CDs, un extra-CD, cuando salga el DVD, con el concierto del Colón y microprogramas de TV, porque tenemos 300 horas grabadas. Con la película se cierra un circulo de lo que empezó en octubre de 2003 y empezó a cerrar en febrero en el Festival de Berlín", asegura.

"La distancia te da una perspectiva diferente ?reflexiona Santaolalla?, sería bueno que le gente tuviese en algún momento de su vida esa posibilidad de ver a la distancia. Por eso uno se apena al ver cosas que pasan, cómo la gente se olvida fácilmente de ciertas cosas", dice en clara referencia al conflicto gobierno v. campo. "Estoy muy contento que al menos por ahora se haya recuperado la capacidad de dialogar", dice.

Santaolalla confiesa que esta "... ha sido una experiencia tan maravillosa que me ha dado ganas ahora de meterme más en el mundo de la producción de cine". Según el compositor y productor musical ganador de dos premios Oscar de Hollywood por las bandas de sonido de y Secreto en la montaña y Babel. "Puede ser útil para la promoción en el extranjero compararla con Buena Vista Social Club, sin embargo aquí la gente debería recordar que quince años antes, con León Gieco habíamos sacado adelante el proyecto De Ushuaia a la Quiaca . No era ir a La Habana sino a Curuzú Cuatiá, no era Compay Segundo, era Sixto Palavecino, Isaco Abitbol o Jerónima Sequeiro, con un interlocutor, que no era Ry Cooder sino León, alguien que te servía de nexo con ese mundo extraño", insiste. "No soy un gringo que viene a hacer un disco de tango, yo no toco en el disco, preservo la música en su forma más pura, este es un disco más potente in your face que el de Buena Vista? Qué bueno hubiera sido que acá alguien hubiese dicho que este tipo hizo mucho antes de De Ushuaia a la Quiaca ", afirma a toda pasión quien fuera integrante de los ya legendarios grupos Arco Iris y Soluna, en la década del 70. Lo hace con una sonrisa que es prueba contundente de que está contento. Tiene motivos.

Claudio D. Minghetti