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sábado, 19 de septiembre de 2009

Maltrato Infantil

Maltrato infantil: ¿el límite de la creatividad?


El bebé lleva horas llorando. Los padres no saben qué demonios le ocurre. Exasperada, la madre lo coge  por lo hombros y lo zarandea de atrás a adelante: "¡Cállate ya de una vez!". La cabeza del bebé se bambolea con tal fuerza que su cerebro inmaduro se estrella contra las paredes del cráneo, causando lesiones en varias zonas. El cuello y otras vértebras se lesionan y, fruto de la presión intracraneana provocada por el movimiento brusco, aparecen hemorragias en la retina. Se conoce como síndrome del niño agitado y mata a varios niños cada año, además de dejar secuelas cerebrales de por vida en mucho otros ¿Podemos usar esto como reclamo publicitario para vender camisetas? ¿Es legítimo recurrir al humor en este caso?

"Prueba viviente de que mi madre es fácil" o "Me van las tetas" son dos lemas que la marca de camisetas australianaCotton On, especializada en poner lemas humorísticos  y polémicos en sus productos, sacó en julio pasado en su línea de ropa infantil y de bebé. Levantaron polémica, pero lo que llevó a la blogger Mia Freedman a protestar y convocar una campaña de protesta y boycott a la marca, fue la indiferencia de la marca a la queja de una de sus clientes por el siguiente slógan: "Me agitan".

El error de Cotton On está claro y ya lo hemos tratado en varias ocasione: ningunear a una clientela con medios para hacerse oír y emplear los Social Media como mero canal publicitario. En horas, el "hashtag" "#cottononisick" (Cotton On es enfermizo) se hizo muy popular, y correos iracundos de madres y padres llovieron sobre la dirección de contacto de la empresa.

Los medios australianos cubrieron la noticia y, sin haber respondido a sus clientes, la marca tuvo que retirar la línea de camisetas y emitir un comunicado lamentando haber ofendido a nadie. Una nueva víctima de su no comprensión de los Social Media. De haberlo hecho, podrían haber apagado el fuego mucho antes e incluso haber salvado buena parte de la colección (y de su reputación, estas cosas quedan para siempre en la Red).

¿Dónde están los límites?

Pero la cuestión es dónde quedan los límites. Desde un punto de vista meramente práctico, donde nuestro target no se ofenda y no cree problemas. Pero, ¿cómo localizar la frontera entre inteligencia y la ofensa cuando, en el siglo pasado quitamos la autoridad sucesivamente a los dioses, a los padres, a los políticos y, en general, a cualquiera que se arrogara legitimidad moral para discernir entre el bien y el mal? ¿Dónde mirar para encontrar los límites? Tenemos una audiencia fragmentada en cuanto a sus vacas sagradas y, a veces, muy receptiva a hacer burla de las creencias de otros.

Por otra parte, cada grupo tiene herramientas para hacerse oír, pero no logrará provocar una reacción general contra la marca si sus quejas no son vistas como legítimas por un sector amplio de la población ¿Dónde reside, entonces, este núcleo de creencias intocables que evoluciona en cada sociedad? Por ejemplo, la violencia doméstica era un tema aceptable para caricaturizar a principios de lo 90. Hoy ya no lo es. ¿Qué pensáis? Continuaremos (pero me gustaría conocer vuestra opinión).

Fuente: eTc