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martes, 15 de septiembre de 2009

Siempre serán las historias...

Elogio de la narración: contar historias

Nick O'Neil comparte desde Social Times su pasión por las historias, y las considera la clave del éxito de la marca personal y de la influencia en las redes de contactos. Asegura que lo ha intentado todo: técnicas de "copyrighting",psicología aplicada al marketing y estrategias de mercados. Y su única conclusión es que una historia que se quede por cualquier razón en la memoria de los que la oigan puede obrar milagros, ya que los contadores de historias también son recordados y apreciados.

O'Neil se refiere al aspecto emocional de las historias. Cita los casos del joven empresario vinícola Gary Vaynerchuk y del creador de Honda, Sohichiro Honda. Las clásicas historias de millonarios que partieron de la pobreza y llegaron a lo más alto nos fascinan a todos (como los cuentos de hadas) y despiertan nuestra atención y curiosidad. Además, crean un cierto vínculo emocional con el producto. Una moto de Honda deja de ser una moto más, una vez conocemos la pintoresca historia de la marca.

Sin saberlo, O'Neil ha citado uno de los elementos más poderosos de la memoria humana para favorecer el recuerdo: la narración. Las historias, desde que la primera fogata dio ambiente para contar batallitas, contienen una serie de elementos clave que todos conocemos y que nos ayudan a recordar mejor. Ejemplo de ello son todos los tratados sobre el cuento y la literatura clásica que citan a un personaje protagonista como figura principal y que parte de una situación que se ve alterada. Una vez superadas las dificultades que las circunstancias u otros le oponen, alcanza un bien deseable y, crecido por la experiencia, disfruta de los bienes adquiridos.

La mente humana está programada para reconocer estos y otros elementos. De modo que si somos capaces de proporcionárselos rápida y eficazmente en los primeros momentos de nuestro mensaje, tendremos un buen trecho recorrido a la hora de fomentar el recuerdo. Como ventaja adicional, tendremos el ya conocido apego afectivo.

Si no tenemos una buena historia propia que contar, basta con encontrarla y crear un universo de historias con las que puedan identificarnos. El resultado es parecido. Y quien no lo crea, no tiene más que hacer memoria de quiénes le contaron las mejores historias que conoce. Seguro que no encontrará muchas dificultades.

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