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sábado, 6 de septiembre de 2008

Lucrecia Martel: ´Latinoamérica podría haber sorprendido en el concurso´

Ha sido miembro del jurado en Berlín, Cannes y, ahora, también Venecia, pero la cineasta argentina Lucrecia Martel ha llegado en una edición en la que la Mostra ha dado la espalda al cine latinoamericano que, sin embargo y visto ya todo el concurso, "habría conseguido sorprender".

EFE "Supongo que cuando me eligen de jurado piensan que voy a avalar un tipo concreto de cine, que voy a saber apreciar ese lenguaje distinto", asegura a Efe Lucrecia Martel.

Sin embargo, la 65 edición del Festival de Cine de Venecia, que se clausura hoy, ha vivido un bajón cualitativo señalado por prensa y público.

Lucrecia, directora de prestigio internacional gracias al éxito de su película debut, "La ciénaga" (2001), tras ver las 21 películas a concurso también muestra, con una actitud pacífica pero contundente, sus reticencias a los criterios de selección.

"El festival ha ejercido su privilegio de definir qué zona del cine del mundo va a mostrar. Me sorprendió la selección que hubo en un principio, ya que hay muchos movimientos en el cine que no aparecen por aquí, pero creí que era por decisión del festival", explica.

Por ello, consideró que, comprobado el nivel general, "sí podría haber habido alguna película latinoamericana que consiguiera sorprender a la gente", más allá de la indirecta presencia de una tribu guaraní en la producción italiana "BirdWatchers", de Marco Bechis.

Martel, desde la terraza del Hotel Des Bains del Lido veneciano, el mismo en el que Visconti rodó su "Muerte en Venecia" (1971), fuma puro, lleva camiseta a rayas, sombrero de mimbre y gafas de sol.

"Falta que se me deshaga el maquillaje", bromea en referencia al desenlace del filme.

Su labor de jurado le tiene, pese a todo, encantada. "Es lo más lindo que te puede pasar. Disfrutas mucho de las películas. Cuando concursas estás tan nerviosa...", pero, eso sí -mantiene-, trata se hacer su trabajo bien en la manera de lo posible.

"Es difícil tomar un puñado de películas del mundo y otorgarles premios. Eso supone tener que compararlas y eso es una situación de por sí injusta", asegura, aunque se esmere en buscar cierta objetividad.

"El me gusta o no me gusta es un análisis válido pero pobre. Hay directores que admiro y que no me gustan. La calidad de una película puede ser insoslayable si tiene una tensión dramática, si afronta riesgos fuertes respecto al uso del cine", afirma.

"Por eso, uno no puede entrar en ideologías, en nacionalidades", continúa, siempre sin dar ni una sola pista sobre el veredicto, aunque afirma que "lo que está en bordes extremos de la complacencia o de la no complacencia lo tiene más difícil para poner a un jurado de acuerdo".

Pero también quita trascendencia a las decisiones. "El tiempo hace sumamente banales a los festivales", afirma, "la vida de las películas es larga y no todas las cosas suceden al tiempo que uno espera".

Estas declaraciones le afectan tanto como jurado como "acusada", ya que "La mujer sin cabeza", su última película, fue presentada en Cannes y vilipendiada por algunos medios.

"Mis películas no tienen la estructura de adhesión inmediata. En general, nunca han recibido aplausos después de la proyección".

Sin embargo, no cree que las impresiones sobre su tercer título -tras "La niña santa" (2004)- hayan sido finalmente tan negativas, como demuestra que en Argentina y Estados Unidos "La mujer sin cabeza", producida por El Deseo, empiece a ser reivindicada.

"La experiencia de Cannes me hizo preguntarme cuál es la responsabilidad de alguien que escribe algo que llega a tantas partes del mundo, porque sólo se transmitió una parte de lo que estaba pasando. El cine no es importante, pero esto mismo pasa con otras cosas que sí lo son", asegura.

De todas maneras, las críticas son uno de los gajes del oficio y "si un director no está dispuesto a enfrentarse a eso, mejor que no haga películas", asegura.

Pero también se defiende: "A veces los errores tienen que ver con la visión del mundo por la que uno apuesta, con cosas que son apuestas que tienen un sentido que lleva a algo bien encaminado", reconoce.

"Yo trato, de la manera más austera y honesta posible, de compartir lo que creo que tengo que compartir" y en sus parámetros "la historia no es lo más importante". "Lo que hace atractivo el mundo no es cómo suceden los hechos, sino como se perciben", explica.

Ahora, su carrera afronta nueva etapa y aborda la ciencia ficción, ya que trabaja en la adaptación del personaje de cómic "El Eternauta", de Héctor Germán Oesterheld, un icono de la cultura argentina.

"En muchos sentidos es un gran cambio", comenta, pero en otros, cree que es el lugar al que le "tocaba llegar".